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Significado
La búsqueda de lo fundamental
Aristóteles plantea que una definición cumple una función específica: capturar aquello que hace que una cosa sea lo que es. No se trata simplemente de enumerar características, sino de identificar el núcleo que la distingue de todo lo demás. Cuando definimos "humano" como "animal racional", estamos señalando la cualidad que, para el filósofo griego, separa a nuestra especie del resto de seres vivientes. La definición opera como un ejercicio de precisión conceptual, un intento por despojar lo accidental de lo necesario.
Esta perspectiva tiene raíces profundas en el pensamiento aristotélico, donde la realidad posee una estructura ordenada y cognoscible. Las cosas no son conjuntos arbitrarios de propiedades, sino entidades con una naturaleza determinada. Una buena definición debe reflejar esa estructura interna. La implicación práctica es clara: comprender algo exige ir más allá de lo observable o convencional. Alcanzar la verdadera definición implica un viaje intelectual hacia lo que permanece constante, aquello que persiste más allá de los cambios superficiales.
Relevancia contemporánea
Hoy, esta idea confronta nuestro pensamiento actual. Vivimos en contextos donde muchos significados se negocian y transforman según usos sociales y culturales. La pregunta aristotélica resurge entonces como provocación: ¿existen aún esencias, o todo es convención? Ya sea que respondamos afirmativamente o no, su inquietud sigue siendo valiosa para cualquiera que intente pensar con rigor.
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“El hombre nada puede aprender sino en virtud de lo que sabe”
“Nunca se alcanza la verdad total, ni nunca se está totalmente alejado de ella”
“La riqueza consiste mucho más en el disfrute que en la posesión”
“Un amigo fiel es un alma en dos cuerpos”
“La historia cuenta lo que sucedió; la poesía lo que debía suceder”