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Significado
La jerarquía de los placeres según Aristóteles
Aristóteles establece aquí una correspondencia moral entre acciones y satisfacciones. No todos los placeres tienen igual valor porque no todas las conductas que los generan merecen el mismo juicio. Un placer derivado de la generosidad difiere fundamentalmente de uno nacido de la crueldad o la codicia. Esta idea cuestiona la noción moderna de que el placer es intrínsecamente neutral, un mero estado físico desvinculado de la ética.
La propuesta del filósofo griego se ancla en su ética de la virtud: las acciones dignas de aprobación (coraje, templanza, sabiduría) llevan consigo satisfacciones genuinas y duraderas. Aquellas que degradan a la persona o dañan a otros producen placeres falsos, superficiales. Un criminal puede experimentar euforia, pero Aristóteles la clasificaría como espuria porque nace de un acto vergonzoso.
Esta distinción tiene consecuencias prácticas inmediatas: implica que elegir bien no es solo cuestión de obtener más placer, sino de perseguir los tipos correctos de satisfacción. El cultivo del carácter deviene inseparable de la búsqueda del bienestar auténtico.
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“El hombre nada puede aprender sino en virtud de lo que sabe”
“Nunca se alcanza la verdad total, ni nunca se está totalmente alejado de ella”
“La riqueza consiste mucho más en el disfrute que en la posesión”
“Un amigo fiel es un alma en dos cuerpos”
“La historia cuenta lo que sucedió; la poesía lo que debía suceder”