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Significado
La virtud como construcción cotidiana
Aristóteles plantea una idea radical para su época: la moralidad no es innata ni divina, sino fruto de la repetición. Cada acción justa realizada nos moldea hacia la justicia; cada decisión valiente nos acerca a la valentía. La virtud funciona como un músculo que se fortalece con el ejercicio constante. Esto invierte la lógica ingenua que espera convertirse en persona buena sin hacer nada, como si la excelencia fuera un destino y no un camino construido paso a paso.
El contexto aristotélico enfatiza la ética de la acción sobre la teoría. Para el filósofo griego, la moralidad vive en lo que hacemos, no en lo que creemos o profesamos. Una persona que realiza un acto de generosidad por casualidad aún no es generosa; quien practica la generosidad deliberadamente, incluso cuando le cuesta, desarrolla ese carácter de forma permanente.
Las implicaciones son profundas y liberadoras. Significa que nadie está condenado a ser injusto o cobarde: el cambio es posible mediante la práctica consciente. También responsabiliza nuestras decisiones diarias: cada pequeña elección contribuye a quiénes somos. La excelencia, entonces, no es un lujo lejano sino el resultado accesible de hábitos repetidos.
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“El hombre nada puede aprender sino en virtud de lo que sabe”
“Nunca se alcanza la verdad total, ni nunca se está totalmente alejado de ella”
“La riqueza consiste mucho más en el disfrute que en la posesión”
“Un amigo fiel es un alma en dos cuerpos”
“La historia cuenta lo que sucedió; la poesía lo que debía suceder”