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Significado
Una jerarquía de objetivos
Aristóteles observa que los seres humanos perseguimos múltiples metas en la vida cotidiana: dinero, salud, reconocimiento, placer. Cada una de ellas tiene valor, pero ninguna se sostiene por sí sola como objetivo final. Estudiamos para obtener un título, ganamos dinero para vivir bien, cuidamos nuestro cuerpo para disfrutar la existencia. Todos estos fines dependen de algo más fundamental, de un propósito que los justifique y organice. La pregunta filosófica entonces emerge: ¿existe un bien último que no sirve a ningún otro propósito?
La eudaimonía como respuesta
En el contexto de la Ética a Nicómaco, Aristóteles identifica la felicidad (eudaimonía) como ese bien supremo. A diferencia de objetivos particulares, la felicidad no se busca por otra cosa: la perseguimos por sí misma. Esta distinción resulta práctica para la vida contemporánea. Mientras perseguir exclusivamente dinero o estatus genera insatisfacción constante, reconocer que estos son medios y no fines permite ordenar nuestras prioridades. El bien perfecto exige coherencia: una vida donde nuestras acciones apunten hacia el desarrollo integral de nuestras capacidades, no hacia la acumulación de bienes que jamás sacian completamente.
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“No, el éxito no se lo deseo a nadie. Le sucede a uno lo que a los alpinistas, que se matan por llegar a la cumbre y cuando llegan, ¿qué hacen? Bajar, o tratar de bajar discretamente, con la mayor dignidad posible.”
“Mientras se gana algo no se pierde nada”
“Cuanto más grande es el caos, más próxima está la solución”
“Lo más incomprensible del Universo es que sea comprensible”
Más frases de Aristóteles
“El hombre nada puede aprender sino en virtud de lo que sabe”
“Nunca se alcanza la verdad total, ni nunca se está totalmente alejado de ella”
“La riqueza consiste mucho más en el disfrute que en la posesión”
“Un amigo fiel es un alma en dos cuerpos”
“La historia cuenta lo que sucedió; la poesía lo que debía suceder”