“No, el éxito no se lo deseo a nadie. Le sucede a uno lo que a los alpinistas, que se matan por llegar a la cumbre y cuando llegan, ¿qué hacen? Bajar, o tratar de bajar discretamente, con la mayor dignidad posible.”

Gabriel García Márquez
Gabriel García Márquez

Escritor colombiano.

1927 – 2014

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El vértigo de arribar sin destino

García Márquez plantea una paradoja incómoda sobre la ambición. Obtener lo que anhelamos durante años resulta ser un anticlímax existencial: el alpinista dedica energías titánicas a alcanzar la cumbre, pero una vez arriba descubre que la cima es un espacio vacío, sin propósito más allá de haber llegado. La victoria contiene su propia derrota. Lo que parecía ser el objetivo final revela su verdadera naturaleza: apenas un punto intermedio en una vida que continúa, ahora sin brújula.

La reflexión toca algo que raramente admitimos. Perseguimos metas concretas porque nos dan dirección y significado durante el camino. El éxito, al eliminar la lucha, elimina también la narrativa que nos sostenía. Por eso el descenso debe ser discreto, con dignidad: porque bajar de una montaña que prometía transformarnos y apenas cambió nada, duele más que nunca haberla subido.

García Márquez sugiere que quizá la búsqueda importa más que la consecución. No rechaza el éxito por amargura, sino por lucidez. Desear éxito a alguien podría ser desearle el desencanto de sus propias esperanzas.

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