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Significado
La tensión entre impulso y virtud
Aristóteles plantea aquí un conflicto fundamental de la naturaleza humana. Nuestros cuerpos reclaman satisfacción constante, y esa gravedad biológica hacia el placer nos arrastra fácilmente hacia comportamientos sin límites. La licencia, en su vocabulario, designa precisamente esa ausencia de mesura, esa entrega sin regulación a lo que nos apetece. El filósofo observa que nadie necesita esforzarse para caer en el exceso; la corriente nos lleva naturalmente hacia allí.
La decencia, por su parte, exige lo opuesto: disciplina, deliberación, resistencia al impulso inmediato. Para Aristóteles, la virtud no es pasiva sino activa; requiere práctica y voluntad. Un cuerpo que demanda placer constantemente no es enemigo de una buena vida, sino materia prima que necesita pulirse. La advertencia cobra sentido en cualquier contexto: redes sociales que explotan nuestros sesgos, consumo desenfrenado, o simplemente la fatiga de mantener estándares personales frente a la comodidad del desliz.
Implicación práctica
Esta reflexión sugiere que la libertad verdadera no reside en satisfacer cada impulso, sino en cultivar el juicio sobre cuáles merecen ser atendidos. El reto ético reside justamente ahí: desarrollar la capacidad de elegir frente a lo que la naturaleza nos empuja a hacer automáticamente.
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“El hombre nada puede aprender sino en virtud de lo que sabe”
“Nunca se alcanza la verdad total, ni nunca se está totalmente alejado de ella”
“La riqueza consiste mucho más en el disfrute que en la posesión”
“Un amigo fiel es un alma en dos cuerpos”
“La historia cuenta lo que sucedió; la poesía lo que debía suceder”