“Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo.”

Aristóteles
Aristóteles

filósofo griego

384 AC-322 AC

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Significado

La sabiduría de la ira regulada

Aristóteles distingue entre dos capacidades humanas muy diferentes: la facilidad para enojarse y la dificultad para hacerlo bien. Cualquiera puede perder los estribos, reaccionar de forma visceral ante una frustración. Lo verdaderamente exigente radica en canalizar ese enfado hacia quien realmente lo merece, en la intensidad que la situación requiere, cuando produce efecto, persiguiendo un fin constructivo y expresándolo de manera apropiada. Esta gradación revela que la ira no es un defecto a eliminar, sino una emoción que requiere maestría.

La cita refleja la ética aristotélica: las virtudes no son virtudes por ser cómodas, sino por exigir práctica y buen juicio. Un padre que explota con su hijo por un error menor falla en varios sentidos: la persona equivocada, la intensidad excesiva, el propósito desproporcionado. La madurez emocional consiste precisamente en ese calibrado constante, que solo se logra mediante el cultivo deliberado del carácter.

Esta idea tiene implicaciones profundas en conflictos, crianza y comunicación: enfadarse sin control es accesible pero destructivo; enfadarse con inteligencia es difícil, raro y transformador.

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