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Significado
La sabiduría de la ira regulada
Aristóteles distingue entre dos capacidades humanas muy diferentes: la facilidad para enojarse y la dificultad para hacerlo bien. Cualquiera puede perder los estribos, reaccionar de forma visceral ante una frustración. Lo verdaderamente exigente radica en canalizar ese enfado hacia quien realmente lo merece, en la intensidad que la situación requiere, cuando produce efecto, persiguiendo un fin constructivo y expresándolo de manera apropiada. Esta gradación revela que la ira no es un defecto a eliminar, sino una emoción que requiere maestría.
La cita refleja la ética aristotélica: las virtudes no son virtudes por ser cómodas, sino por exigir práctica y buen juicio. Un padre que explota con su hijo por un error menor falla en varios sentidos: la persona equivocada, la intensidad excesiva, el propósito desproporcionado. La madurez emocional consiste precisamente en ese calibrado constante, que solo se logra mediante el cultivo deliberado del carácter.
Esta idea tiene implicaciones profundas en conflictos, crianza y comunicación: enfadarse sin control es accesible pero destructivo; enfadarse con inteligencia es difícil, raro y transformador.
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“¿Quién capitulará más pronto: el que necesita las cosas difíciles o quien se sirve de lo que buenamente pueda hallar?”
“El exceso es el veneno de la razón”
“Los hombres sabios nos han enseñado que no sólo hay que elegir entre los males el menor, sino también sacar de ellos todo el bien que puedan contener.”
“Se debe hacer todo tan sencillo como sea posible, pero no más sencillo.”
Más frases de Aristóteles
“El hombre nada puede aprender sino en virtud de lo que sabe”
“Nunca se alcanza la verdad total, ni nunca se está totalmente alejado de ella”
“La riqueza consiste mucho más en el disfrute que en la posesión”
“Un amigo fiel es un alma en dos cuerpos”
“La historia cuenta lo que sucedió; la poesía lo que debía suceder”