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Significado
El equilibrio como virtud central
Ganivet, pensador español del siglo XIX, plantea que la madurez humana depende de mantener dos fuerzas en tensión: la prudencia y el coraje. La mesura sin audacia produce parálisis, conformismo, una existencia apenas vivida. Pero la audacia sin freno desemboca en recklessness, en actos destructivos para uno mismo y los demás. El verdadero carácter requiere ambas, pesar cuidadosamente antes de actuar, pero luego atreverse a hacerlo.
El problema de los desequilibrios
Una persona únicamente prudente se convierte en espectadora de su propia vida, aplazando decisiones que nunca llegan. Quien solo es valiente, en cambio, avanza sin mapas, lastimando a quienes lo rodean. La imagen de la balanza rota es particularmente efectiva: un trastos inútil, igual de improductivo en ambos extremos. Vivimos en culturas que a menudo celebran un extremo u otro, cuando la madurez exige aprender a estar en el medio.
Relevancia contemporánea
Hoy, cuando la precaución puede volverse parálisis y el optimismo ingenuo alimenta decisiones precipitadas, la propuesta de Ganivet sigue siendo pertinente. El reto consiste en desarrollar la capacidad de discernimiento para saber cuándo frenar y cuándo avanzar, cuándo escuchar el miedo y cuándo ignorarlo.
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“El horizonte está en los ojos y no en la realidad”
“Más vale un minuto de vida franca y sincera que cien años de hipocresía.”
“El hombre no debe seguir ciegamente un derrotero fijo.”
“Grande es siempre el amor maternal, pero toca en lo sublime cuando se mezcla con la admiración por el hijo amado.”
“Las verdades de los hombres tienen que ser como piedras y los cargos que ejercen, como cántaros: pase lo que pase debe romperse el cántaro.”