“El ADN... es lo más maravilloso del mundo... La humanidad pasó por epidemias, hambre y... pruebas, sin embargo la naturaleza mantuvo esto... intacto, porque toda la vida depende de él. ...[El] hombre ha encontrado un medio para dañarlo. La radiación de alta energía lo hace. ...Puede... haber sobrevivientes después de una guerra atómica, pero aquellos... serán incapaces de producir una descendencia sana. Su descendencia estará plagada de anomalías, monstruosidades y enfermedades... y no habrá forma de volver atrás.”

Albert Szent-Györgyi
Albert Szent-Györgyi

Bioquímico y biólogo molecular húngaro.

1893-1986

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Significado

La fragilidad del código de la vida

Szent-Györgyi destaca una paradoja inquietante: la naturaleza protegió el ADN durante milenios contra desastres naturales, pero la tecnología humana lo volvió vulnerable en décadas. La radiación de alta energía, producida por armas nucleares, ataca directamente el material genético. A diferencia de otros daños que las poblaciones pueden reparar o superar con el tiempo, las mutaciones hereditarias se transmiten de generación en generación, creando un legado de sufrimiento que escapa al control humano.

El biólogo químico húngaro escribía esto en la era de la Guerra Fría, cuando la amenaza nuclear era tangible. Su advertencia va más allá del miedo apocalíptico: señala que los daños genéticos no respetan la supervivencia del individuo. Una sociedad podría persistir físicamente después de un holocausto atómico, pero estaría condenada a presenciar el deterioro gradual de su descendencia. La capacidad de reparar la naturaleza tiene límites infranqueables cuando se trata del código mismo que define qué es humano.

La reflexión conserva vigencia actual. Aunque la amenaza nuclear se relativizó, nuevos riesgos genéticos emergen: contaminación ambiental, radiación accidental, tecnologías de edición sin regulación. Szent-Györgyi recordaba que ciertos daños no pueden simplemente revertirse una vez causados.

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