“Un fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema.”

Winston Churchill
Winston Churchill

político británico

1874-1965

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Significado

La trampa del dogmatismo

Churchill captura aquí dos características del pensamiento rígido. Primero, la incapacidad de revisar propias convicciones cuando llega información nueva. Segundo, la resistencia activa a considerar perspectivas alternativas. Juntas, estas actitudes crean una persona atrapada en su propio sistema de creencias, incapaz de dialogar o evolucionar intelectualmente.

Más allá de la obstinación

Lo interesante es que Churchill no describe simplemente a alguien testarudo. Señala una combinación: la fijeza mental y el rechazo deliberado al diálogo. Un fanático cierra puertas interiores (no cambia) y exteriores (rechaza hablar de otras cosas). Esta doble clausura lo aísla y lo vuelve peligroso socialmente, porque su certeza absoluta impide cualquier puente con quienes piensan diferente.

Implicación contemporánea

En un mundo saturado de información y polarización, esta advertencia sigue vigente. Nos encontramos con frecuencia a personas que defienden posiciones con fervor, pero lo genuinamente problemático es cuando además niegan la validez de otras conversaciones. El fanatismo florecería menos si mantuviéramos abiertas tanto la mente como la puerta al diálogo genuino.

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