“Cuando tenía tal vez 19 años, los chicos decían: '¡Yo puedo patearte el trasero!' Así que tuve algunos enfrentamientos. Aprendí artes marciales y lo que realmente se aprende no es a pelear.”

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Significado

Juventud confrontada

Ante amenazas y peleas casi rituales de la adolescencia, la respuesta fue buscar una práctica que ofreciera poder real, no sólo bravatas. Aprender artes marciales surgió como reacción a sentirse vulnerable, pero también como proyecto personal: transformar miedo en aptitud, improvisación en técnica. Ese movimiento cambia la relación con la agresión; deja de ser un espectáculo para convertirse en ejercicio serio de autocontrol.

Más allá de la técnica

La enseñanza fundamental de esas disciplinas apunta a la disciplina, la contención y la atención al entorno. Golpear deja de ser el objetivo principal cuando se aprende a medir riesgos, a retirarse con dignidad y a ejercer autoridad sin humillar. Implica revisar modelos de masculinidad que confunden violencia con valía, y ofrece herramientas prácticas para resolver conflictos con menos daño y más claridad moral.

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