“La conciencia es la voz del alma; las pasiones, la del cuerpo.”

William Shakespeare
William Shakespeare

dramaturgo británico

1564-1616

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La dualidad humana según Shakespeare

Shakespeare plantea una tensión fundamental en la naturaleza humana: dos fuerzas contrarias que nos definen. De un lado está la conciencia, esa brújula moral que evalúa nuestras acciones y nos confronta con lo que sabemos correcto. Del otro, las pasiones, impulsos viscerales arraigados en nuestra materialidad física que nos impulsan hacia lo deseado, lo placentero, lo inmediato. Esta visión refleja el conflicto perpetuo entre el deber reflexivo y el deseo instintivo.

El contexto dramático de Shakespeare abundaba en personajes desgarrados por este dilema. Macbeth ambiciona poder (pasión) pero su conciencia lo atormenta; Hamlet titubea entre la acción vengativa (cuerpo) y la reflexión moral (alma). La frase captura la tragedia humana: somos seres divididos, y esa escisión genera el drama existencial.

Las implicaciones permanecen vigentes. Sugerir que la conciencia pertenece al alma implica que la moralidad trasciende lo físico, mientras que las pasiones quedan asociadas a lo corporal, lo temporal. Para Shakespeare, conocer esta división era fundamental para entender por qué actuamos contra nuestros mejores juicios, por qué el arrepentimiento coexiste con la repetición del error.

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