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Significado
El peso invisible de la codicia
Shakespeare compara dos vicios humanos mediante una metáfora botánica que revela sus diferencias fundamentales. La lujuria, aunque intensa, es pasajera como una flor estival que florece y se marchita. La codicia, en cambio, penetra profundamente en el carácter, desarrollando raíces que se entrelazan con la identidad de quien la cultiva. Esta distinción sugiere que mientras los deseos carnales pueden satisfacerse o desvanecerse con el tiempo, la avaricia se vuelve estructural, transformándose en parte de la naturaleza psicológica de una persona. Las raíces "perversas" implican que deforman tanto el criterio moral como las relaciones humanas.
Implicaciones prácticas y actuales
El dramaturgo inglés toca un aspecto que permanece relevante: la codicia se disfraza mejor que otros vicios. Puede justificarse como ambición, prudencia o seguridad financiera, mientras que la lujuria es más evidente. Por eso resulta especialmente peligrosa. Una persona codiciosa no necesariamente se reconoce como tal; simplemente cree estar siendo práctica. El análisis de Shakespeare propone que vigilar este vicio requiere mayor conciencia que resistir tentaciones momentáneas, porque sus raíces operan silenciosamente, moldeando decisiones cotidianas y relaciones de poder.
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