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Significado
Una paradoja sobre la transformación personal
Shakespeare sugiere que la virtud puede cultivarse mediante la práctica deliberada, incluso cuando no surge naturalmente de nuestro carácter. La idea es provocadora: si fingimos ser honestos, valientes o compasivos lo suficiente, estas cualidades terminarán arraigándose en nosotros. No se trata de ser falsos de manera permanente, sino de que nuestras acciones moldean quiénes somos. El hábito precede al ser.
Esta reflexión aparece en Hamlet, cuando el príncipe intenta controlar su propia conducta moral frente a las traiciones que lo rodean. Implica que esperar a sentir virtud antes de actuar es paralizante. Por el contrario, la actuación consciente genera cambio real. Cada gesto honesto, cada acto de generosidad aunque sea costoso, nos acerca a ser esa persona. Es una invitación a la agencia personal: no somos prisioneros de nuestras limitaciones presentes, sino constructores de nuestro futuro ético.
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