“La verdad matemática prefiere palabras simples, ya que el lenguaje de la verdad es simple en sí mismo”
Astrónomo danés considerado el mayor observador del cielo antes de la invención del telescopio; construyó el observatorio Uraniborg y diseñó instrumentos que mejoraron notablemente la precisión de las mediciones celestes, y trabajó junto a Johannes Kepler en Praga.
1546 – 1601
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Significado
Una apuesta por la claridad
Tycho Brahe, astrónomo y observador del siglo XVI, habla desde la experiencia de quien mide el cielo con precisión. La idea sugiere que la verdad matemática se expresa con términos directos y bien definidos: cuando un enunciado es correcto, su formulación tiende a la economía y a la transparencia. Ese énfasis surge en contraste con discursos enmarañados o retóricos que pueden disfrazar errores; la ciencia exacta prospera cuando el vocabulario refleja la estructura lógica y no la complica.
Consecuencias para pensar y comunicar
Aplicado a la práctica, esto exige elegir definiciones limpias, presentar pruebas claras y evitar jerga innecesaria. También tiene implicaciones pedagógicas: lo que se aprende con claridad resiste mejor la verificación y el uso creativo. Hay una afinidad entre simplicidad expresiva y rigor: la primera facilita detectar incoherencias, la segunda legitima la simplicidad. Así, la economía verbal no es coquetería estilística sino herramienta epistemológica.
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