“Sería muy simpático que existiera dios, que hubiese creado el mundo y fuese una benevolente providencia; que existieran un orden moral en el universo y una vida futura; pero es un hecho muy sorprendente el que todo esto sea exactamente lo que nosotros nos sentimos obligados a desear que exista.”

Sigmund Freud
Sigmund Freud

médico austríaco

1856 - 1939

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Significado

La ilusión reconfortante

Freud plantea una paradoja incómoda: la religión ofrece exactamente lo que deseamos creer, y eso mismo debería hacernos sospechar. Un dios benevolente, un universo moralmente ordenado, la promesa de otra vida. El catálogo perfecto de esperanzas humanas. Para el padre del psicoanálisis, esta correspondencia entre nuestros deseos y las creencias religiosas no es coincidencia, sino el síntoma de un engaño que hemos construido para consolar nuestras ansiedades.

Más allá de la teología

El argumento se sitúa en el corazón de su pensamiento: la religión funciona como mecanismo defensivo del inconsciente. Creemos porque queremos creer, no porque exista evidencia racional. Freud sugiere que la probabilidad estadística de que el universo se organize precisamente alrededor de nuestras necesidades emocionales es tan baja que debería despertar escepticismo. Aquí radica la crítica profunda: no discute si dios existe, sino cómo nuestros deseos nublan el juicio.

Relevancia contemporánea

Esta observación mantiene vigencia. Invita a interrogar por qué creemos lo que creemos: ¿por evidencia o por confort? La pregunta trasciende la religión y toca cualquier ideología, política o narrativa personal que adoptamos porque nos hace sentir mejor.

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