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Significado
La ilusión reconfortante
Freud plantea una paradoja incómoda: la religión ofrece exactamente lo que deseamos creer, y eso mismo debería hacernos sospechar. Un dios benevolente, un universo moralmente ordenado, la promesa de otra vida. El catálogo perfecto de esperanzas humanas. Para el padre del psicoanálisis, esta correspondencia entre nuestros deseos y las creencias religiosas no es coincidencia, sino el síntoma de un engaño que hemos construido para consolar nuestras ansiedades.
Más allá de la teología
El argumento se sitúa en el corazón de su pensamiento: la religión funciona como mecanismo defensivo del inconsciente. Creemos porque queremos creer, no porque exista evidencia racional. Freud sugiere que la probabilidad estadística de que el universo se organize precisamente alrededor de nuestras necesidades emocionales es tan baja que debería despertar escepticismo. Aquí radica la crítica profunda: no discute si dios existe, sino cómo nuestros deseos nublan el juicio.
Relevancia contemporánea
Esta observación mantiene vigencia. Invita a interrogar por qué creemos lo que creemos: ¿por evidencia o por confort? La pregunta trasciende la religión y toca cualquier ideología, política o narrativa personal que adoptamos porque nos hace sentir mejor.
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“Lo más increible de los milagros es que ocurren.”
“La razón me dice que Dios existe, pero también me dice que nunca podré saber lo que es.”
“Dios es la evidencia invisible.”
“Creo en el Dios de Spinoza, que nos revela una armonía de todos los seres vivos. No creo en un Dios que se ocupe del destino y las acciones de los seres humanos.”
Más frases de Sigmund Freud
“Como a nadie se le puede forzar para que crea, a nadie se le puede forzar para que no crea”
“Uno puede defenderse de los ataques; contra el elogio se está indefenso”
“Existen dos maneras de ser feliz en esta vida, una es hacerse el idiota y la otra serlo.”
“La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como lo son unas pocas palabras bondadosas.”
“Si la inspiración no viene a mí salgo a su encuentro, a la mitad del camino.”