“La gran pregunta que nunca ha sido contestada y a la cual todavía no he podido responder, a pesar de mis treinta años de investigación del alma femenina, es: ¿qué quiere una mujer?”

Sigmund Freud
Sigmund Freud

médico austríaco

1856 - 1939

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Una confesión incómoda de Freud

Freud pronunció estas palabras hacia el final de su vida, reconociendo los límites de su propia teoría. Después de décadas estudiando la psicología humana, el padre del psicoanálisis admitía su fracaso en comprender a las mujeres como sujetos autónomos. La cita revela más sobre las limitaciones del pensamiento freudiano que sobre las mujeres mismas: su incapacidad para verlas más allá de arquetipos, complejos edípicos invertidos y deseos proyectados por el imaginario masculino.

Contexto y las grietas de una teoría

En la época de Freud, la teoría psicoanalítica encerraba a las mujeres en categorías rígidas: la madre, la histérica, la castrada. Nunca consideró que quizás no había una respuesta universal porque cada mujer era un individuo con deseos particulares y contradictorios, como cualquier persona. Su pregunta asume la existencia de un "querer femenino" monolítico y descifrable.

Lo que persiste hoy

La confesión de Freud es valiosa precisamente por su honestidad accidental: expone que pretender entender a un género completo mediante patrones generales es un ejercicio fracasado desde el inicio. La pregunta sigue resonando, pero respondida de forma más productiva: las mujeres quieren lo que quieren las personas, aquello que les da dignidad, autonomía y sentido.

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