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Significado
La bestialidad de la violencia innecesaria
López Pelegrín cuestiona la práctica de la caza mediante una inversión irónica de valores. Para él, quien persigue animales con armas convierte su supuesta superioridad racional en mero instinto depredador. El acto de acorralar a una criatura indefensa no eleva la condición humana, sino que la degrada. La presencia del colmillo y el cuerno subraya la desigualdad: el cazador elige enfrentarse a lo más animal que existe, renunciando así a cualquier pretensión de dignidad.
Implicaciones éticas tempranas
Este fragmento revela una conciencia moral anticipada respecto al trato animal. Escritores como Abenamar anticipaban discusiones que ocuparían a la filosofía contemporánea siglos después. La distinción que plantea no radica simplemente en el acto físico de matar, sino en la intención y el propósito. Cuando la violencia carece de necesidad vital (alimento, defensa), el perpetrador renuncia a lo que lo distingue como ser pensante.
Reflexión contemporánea
Hoy, esta crítica adquiere mayor relevancia. Los deportes cinegéticos que persisten como entretenimiento plantean interrogantes válidas sobre qué permite una sociedad a sus miembros, y qué revela esa permisión sobre sus valores reales. La provocación de López Pelegrín sigue interpelándonos.
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“Poca cosa nos consuela porque poca cosa nos aflige”
“Todos estamos en la cloaca, pero algunos estamos mirando a las estrellas.”
“La ciudad (polis) es una de las cosas que existen por naturaleza; y el hombre es, por naturaleza, un animal político.”
“No hay que prestar atención a quienes nos aconsejan, so pretexto de que somos hombres, no pensar más que en las cosas humanas y, so pretexto de que somos mortales, renunciar a las cosas inmortales.”