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Significado
El amor entre la claridad y el misterio
Ramón y Cajal identifica dos fuerzas opuestas en el afecto humano. Una surge del conocimiento: amamos porque hemos visto las virtudes reales de quien tenemos cerca, porque la familiaridad genera vínculos profundos. Pero hay otra dimensión más intensa y frecuente: el amor que florece precisamente donde habita la incertidumbre. Los desconocido nos atrae, la proyección de nuestros deseos en otro cuerpo crea fascinación, la ignorancia deja espacio para la idealización. Así funcionan los amores apasionados, donde la verdadera persona queda velada bajo capas de fantasía.
Implicaciones prácticas
Este dilema explica por qué las relaciones cambian cuando conocemos más. El descubrimiento mutuo puede fortalecer el vínculo o erosionarlo, según qué se revele. Ramón y Cajal, neurocientífico además de pensador, reconoce algo incómodo: la realidad suele decepcionarnos menos que la verdad. No se trata de engaño consciente, sino de que el cerebro humano prefiere trabajar con siluetas que con perfiles completos. La paradoja final es que ambas formas de amar son auténticas, aunque contradictorias. Vivimos fluctuando entre estos dos polos sin resolver nunca cuál predomina.
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“Lo peor no es cometer un error, sino tratar de justificarlo en vez de aprovecharlo como aviso providencial de nuestra ligereza o ignorancia”
“Las ideas no duran mucho. Hay que hacer algo con ellas”
“Se conocen infinitas clases de necios; la más deplorable es la de los parlanchines empeñados en demostrar que tienen talento.”
“¿No tienes enemigos? ¿Es que jamás dijiste la verdad o jamás amaste la justicia?”
“Hay pocos lazos de amistad tan fuertes que no puedan ser cortados por un pelo de mujer.”