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Significado
El precio del deseo intenso
Ramón y Cajal, el neurocientífico español, observaba una paradoja humana fundamental: quienes persiguen objetivos ambiciosos sufren más que otros. Esto ocurre porque la intensidad del deseo genera una brecha constante entre la realidad presente y el futuro anhelado. Cada fracaso duele más profundamente, cada obstáculo se magnifica, y la autocrítica se vuelve despiadada. El anhelo elevado exige sacrificios, genera ansiedad ante posibles fracasos y cultiva una insatisfacción permanente mientras se avanza hacia la meta.
Las dos caras del ambicionar
Esta verdad tiene implicaciones complejas. Por un lado, ese sufrimiento frecuentemente impulsa el esfuerzo y la superación, lo que explica por qué los grandes logros raramente surgen de la comodidad. Por otro, revela los costos emocionales ocultos tras toda ambición seria. Cajal hablaba desde experiencia propia: su trabajo incesante le exigió renuncias constantes. La cita no desalienta la ambición, sino que desenmascara su naturaleza íntima. Entender esto permite elegir con mayor lucidez qué deseamos realmente y a qué precio estamos dispuestos a pagar.
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“Lo peor no es cometer un error, sino tratar de justificarlo en vez de aprovecharlo como aviso providencial de nuestra ligereza o ignorancia”
“Las ideas no duran mucho. Hay que hacer algo con ellas”
“Se conocen infinitas clases de necios; la más deplorable es la de los parlanchines empeñados en demostrar que tienen talento.”
“¿No tienes enemigos? ¿Es que jamás dijiste la verdad o jamás amaste la justicia?”
“Hay pocos lazos de amistad tan fuertes que no puedan ser cortados por un pelo de mujer.”