“Si quieres conocer a una persona, no le preguntes lo que piensa sino lo que ama.”

San Agustín
San Agustín

obispo y filósofo

354-439

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Significado

El corazón como brújula del ser

San Agustín propone algo radical: nuestras preferencias revelan más sobre quiénes somos que nuestros argumentos. Lo que una persona ama expone sus valores reales, sus prioridades auténticas, aquello que la mueve cuando nadie la observa. Un conjunto de creencias puede ser aprendido, copiado o fingido; pero el amor, en el sentido amplísimo que usa el obispo de Hipona, marca la geografía verdadera de una vida.

Más allá de las palabras

El pensamiento racional tiende a disfrazarse. Decimos lo que creemos que debemos pensar, lo que es socialmente aceptable o conveniente. El afecto, en cambio, no engaña: hacia dónde dirige alguien su tiempo, dinero, atención y energía emocional habla con claridad. Una madre que trabaja catorce horas y aún ayuda a su hijo, un activista que sacrifica comodidad por sus convicciones, un amigo que aparece en la crisis. El amor actúa donde la palabra se detiene.

Implicación práctica

Conocer genuinamente a alguien exige observación más que interrogación. No basta preguntar; hay que ver hacia dónde mira cuando cree que no la juzgan.

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