“Equivocarse es humano, perseverar voluntariamente en el error es diabólico.”

San Agustín
San Agustín

obispo y filósofo

354-439

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Significado

El peso de las decisiones ante el error

San Agustín distingue entre dos realidades humanas profundamente diferentes. La primera reconoce que fallar es parte inevitable de nuestra condición: nadie posee certeza absoluta ni capacidad ilimitada. Lo relevante no reside en cometer errores, sino en nuestra respuesta frente a ellos. Cuando advertimos que nos equivocamos, tenemos la oportunidad de corregir el rumbo. Esta capacidad de reconocimiento y enmienda es, precisamente, lo que nos humaniza.

La segunda realidad plantea un escenario moral distinto: elegir deliberadamente mantener un error conocido. Aquí desaparece la inocencia de la ignorancia. Agustín vincula esta obstinación con lo "diabólico" porque implica un rechazo consciente a la verdad, una rebelión activa contra lo correcto. No es el tropiezo involuntario, sino la negación voluntaria del camino mejor.

Implicaciones prácticas

Esta reflexión tiene consecuencias concretas en la vida cotidiana. Separa la responsabilidad moral del mero fracaso. Un error que rectificamos forma parte del aprendizaje; uno que perpetuamos por orgullo, comodidad o malicia se convierte en culpa genuina. La pregunta que emerge es incómoda: ¿cuántos de nuestros errores seguimos defendiendo cuando ya sabemos mejor?

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