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Significado
La tensión entre el juicio y la compasión
Agustín propone una paradoja incómoda: mantener criterios morales claros sin renunciar al amor universal. Aprobar a quienes actúan bien ancla la ética en estándares objetivos, mientras tolerar a los malos reconoce que la severidad puede endurecernos. El filósofo medieval distingue entre rechazar actos y rechazar personas, sugiriendo que es posible desaprobar conductas sin deshumanizar a quien las comete.
Implicaciones prácticas
Esta máxima enfrenta un dilema real: ¿cómo amar sin legitimizar el daño? La respuesta agustiniana separa los niveles. Puedes mantener límites firmes en lo que aceptas moralmente, sin permitir que el resentimiento corroa tu capacidad de ver la dignidad ajena. No implica ingenua tolerancia hacia el abuso, sino una firmeza que no requiere odio.
El valor de esta formulación radica en rechazar dos extremos peligrosos: el rigor que aniquila la misericordia y la compasión que desvanece toda responsabilidad. Para Agustín, el desafío ético es permanecer lúcido y compasivo simultáneamente.
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“El amor jamás reclama; da siempre. El amor tolera, jamás se irrita, nunca se venga.”
“La amistad perfecta es la de los buenos y de aquellos que se asemejan por la virtud. Ellos se desean mutuamente el bien en el mismo sentido.”
“El amor sólo se da entre personas virtuosas”
“Debemos amar a nuestro país aunque nos trate injustamente.”
Más frases de San Agustín
“El mundo no fue hecho en el tiempo, sino con el tiempo”
“Creo para comprender, y comprendo para creer mejor”
“Los hombres están siempre dispuestos a curiosear y averiguar sobre las vidas ajenas, pero les da pereza conocerse a sí mismos y corregir su propia vida”
“Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor, si perdonas, perdonarás con amor.”
“El que no tiene celos no está enamorado.”