“La maravilla, unida por la curiosidad racional a un principio, es la fuente de todo conocimiento y descubrimiento, y es incluso un principio de piedad; pero la maravilla que termina en asombro y se contenta con él es propia de un idiota.”

Samuel Horsley
Samuel Horsley

Clérigo inglés conocido por su activa participación en debates teológicos y en asuntos eclesiásticos a finales del siglo XVIII y principios del XIX.

1733 – 1806

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Significado

La maravilla como motor de indagación

La experiencia del asombro, cuando se acompaña de curiosidad racional, se convierte en impulso interrogante: plantea problemas, provoca hipótesis y empuja a verificar. Ese movimiento desde la sorpresa hacia la investigación es lo que produce conocimiento y descubrimiento; además, puede abrir una disposición reverente ante lo real, una piedad fundada en la comprensión más que en el fervor ciego. Por contraste, la admiración que se mantiene pasiva, que solo contempla sin preguntar, queda estancada y pierde su valor cognitivo.

Contexto histórico y consecuencias prácticas

Horsley, figura clerical y erudita del siglo XVIII, sitúa la maravilla en el cruce entre fe y razón propio de su época: la curiosidad legitimada por el pensamiento crítico funciona como puente entre devoción y ciencia. La consecuencia práctica es clara: fomentar la capacidad de asombro debe ir acompañado de herramientas intelectuales que lo canalicen; de lo contrario, la fascinación se convierte en entretenimiento vacío, no en semilla de saber ni de sentido.

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