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Significado
Flechas visibles y heridas silenciosas
La imagen contrapone la eficacia de un armamento tangible con la sutileza de un malestar interior. Aljaba evoca acción certera, objetivo y externo; la culpa, por el contrario, funciona como munición que apenas hiere de forma inmediata pero que raja el ánimo con el tiempo. Robert Blair, poeta escocés del siglo XVIII asociado a "The Grave", sitúa ese contraste dentro de una meditación moral sobre la muerte, la culpa y la conciencia: lo que golpea con fuerza puede ser menos dañino que lo que corroe desde dentro.Consecuencias para la vida moral
El rechazo o la inacción frente a la culpa pueden resultar más paralizantes que un acto violento que se ve y se resuelve. La metáfora sugiere que el remedio exige reconocer la herida interior y tomar medidas claras —confesión, reparación, cambio— para que la culpabilidad deje de ser una flecha que vuelve una y otra vez. Desde la ética práctica, implica valorar la claridad de los actos y el trabajo sobre la conciencia como caminos para recuperar la libertad.Frases relacionadas
“Soy un poco de escoria... A algunas personas no les parece muy bonito, pero no me importa... Tengo hormonas y el sexo está ahí; ¿por qué no? El sexo es bueno. Todo el mundo lo hace y todo el mundo debería hacerlo.”
“Así decía el hierro al imán: te odio porque me atraes sin que poseas fuerza suficiente para unirme a ti”
“Puedes tener el universo, mientras yo tenga a Italia”
“En el arte como en el amor la ternura es lo que da la fuerza”
Más frases de Robert Blair
“La tumba, cosa temible: los hombres se estremecen cuando eres nombrada; la Naturaleza, horrorizada, sacude su acostumbrada firmeza.”
“¡Amistad! ¡misterioso cemento del alma! ¡Dulzura de la vida y soldadura de la sociedad!”
“De los goces idos, que no han de volver: ¡cuán doloroso es el recuerdo!”
“Pero si hay un más allá —y lo hay— la conciencia, sin ser influida y dejada hablar, dice a cada hombre: entonces debe ser terrible morir; más horrendo aún es morir por propia mano.”
“Nuestro tiempo está fijado, y todos nuestros días están contados; cuánto duren, no lo sabemos: esto sí sabemos, el deber exige que aguardemos con calma el llamado, ni atrevámonos a movernos hasta que el Cielo nos dé permiso.”