“Nuestras ilusiones no tienen límites; probamos mil veces la amargura del cáliz y, sin embargo, volvemos a arrimar nuestros labios a su borde.”

René de Chateaubriand
René de Chateaubriand

Diplomático y escritor francés.

1768 – 1848

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La paradoja de nuestras esperanzas

Chateaubriand captura una verdad incómoda sobre la naturaleza humana: somos criaturas atrapadas en un ciclo de esperanza y desencanto. A pesar de conocer el dolor que nos produce la realidad, persistimos en nuestras ilusiones, una y otra vez. Volvemos a probar la amargura porque, en el fondo, la posibilidad de que las cosas sean diferentes resulta más tolerable que la resignación total.

El escritor romántico francés explora aquí la resiliencia como debilidad. No renunciamos a nuestros sueños porque renunciar nos parece peor que sufrir. Cada nuevo intento es un acto de fe ciega, no de fe racional. Probamos el fracaso, reconocemos el dolor, y aun así regresamos. La ilusión, entonces, no es un lujo sino un mecanismo de supervivencia emocional.

Esta observación refleja la condición humana moderna: vivimos suspendidos entre la consciencia de nuestras limitaciones y la incapacidad de aceptarlas. Quizá la verdadera pregunta no sea por qué nos autoengañamos, sino qué seríamos sin la capacidad de hacerlo.

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