“Toda cuestión tiene dos lados.”
Protágoras de Abdera fue un sofista griego y destacado maestro de retórica, conocido por su dominio del lenguaje y por cobrar elevadas tarifas por enseñar la 'virtud' y la técnica oratoria. Viajó por el mundo griego —pasando largas temporadas en Atenas, donde trató con Sócrates y fue amigo de Pericles— y redactó la constitución de la colonia de Turios, introduciendo allí la educación pública y obligatoria.
481 a. C. – 411 a. C.
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Significado
La ambivalencia en el juicio humano
Protagoras plantea que ante una cuestión siempre hay al menos dos perspectivas legítimas, lo que desplaza la búsqueda de una verdad única hacia la comparación y la argumentación. Ese giro promueve el relativismo epistemológico: lo que parece verdadero depende del punto de vista, del contexto y de los criterios que se adopten. La frase funciona como recordatorio práctico de que la certidumbre absoluta rara vez aparece sin discusión y que la deliberación crítica es el medio para acercarse a juicios razonados.De la plaza pública al terreno ético
Proveniente del sofismo griego y del ambiente litigioso de la Atenas del siglo V a. C., la idea encaja con la importancia de la retórica y la persuasión en la vida pública. En lo positivo, fomenta la tolerancia y el examen riguroso de argumentos; en lo problemático, puede legitimar el engaño o la paralización moral si todo se reduce a opiniones iguales. Su implicación práctica es exigir criterios claros para decidir cuándo dos versiones merecen convivencia y cuándo uno debe prevalecer sobre el otro.Frases relacionadas
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“El hombre es la medida de todas las cosas: de las que son, que son, y de las que no son, que no son.”
“En cuanto a los dioses, no sé si existen o no, ni cómo son; hay mucho que impide que lo sepamos: la oscuridad del asunto y la brevedad de la vida humana.”
“Los atenienses hacen bien en aceptar consejo de cualquiera, pues corresponde a todos participar de ese tipo de excelencia; de lo contrario no podría existir ciudad alguna.”
“En lo que respecta a cómo obrar bien en el gobierno de la ciudad, esto debe proceder enteramente por la justicia y el recto juicio.”
“Tú, Sócrates, empezaste diciendo que la virtud no puede enseñarse, y ahora sostienes lo contrario, intentando demostrar que todas las cosas son conocimiento: la justicia, el recto juicio, incluso el valor; de lo cual seguiría que la virtud ciertamente puede enseñarse.”