“El hombre es un auriga que conduce un carro tirado por dos briosos caballos: el placer y el deber. El arte del auriga consiste en templar la fogosidad del corcel negro (placer) y acompasarlo con el blanco (deber) para correr sin perder el equilibrio.”

Platón
Platón

Filósofo griego.

427-347 a.C.

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Significado

La tensión entre deseo y responsabilidad

Platón utiliza la metáfora del auriga para describir un conflicto fundamental en la naturaleza humana: la batalla entre nuestros impulsos inmediatos y nuestras obligaciones. Los dos caballos representan fuerzas opuestas pero igualmente poderosas. El caballo negro simboliza nuestros apetitos, placeres y deseos instintivos, mientras que el blanco encarna nuestro sentido del deber, la razón y la responsabilidad moral. Ambos son necesarios; ninguno debe ser eliminado, sino armonizado.

El equilibrio como maestría

La clave radica en que el auriga no suprime ninguna fuerza, sino que las modera y sincroniza. Un auriga que solo contiene el placer fracasa porque el corcel negro se desboca; otro que ignora el deber cae en la apatía. La verdadera madurez consiste en reconocer que vivimos en permanente tensión entre lo que queremos y lo que sabemos que debemos hacer. Esta es una observación psicológica profunda: la excelencia humana no reside en renunciar a nuestros deseos, sino en ejercer el control consciente sobre ellos, permitiendo que avancemos sin caer en el caos ni en la represión.

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