“El día en que un deportista deja de pensar en todas las cosas que lo hacen feliz, en su propio esfuerzo, en la embriaguez del poder y en el equilibrio físico que de ella se deriva; el día en que las consideraciones de la vanidad o del interés toman el control, será el día en que muera su ideal.”

Pierre de Coubertin
Pierre de Coubertin

Fundador de los Juegos Olímpicos modernos.

1863-1937

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Significado

Pasión y pureza en la práctica deportiva

La reflexión sitúa la motivación íntima del deportista —la alegría por el esfuerzo, la sensación de poder y el equilibrio corporal— como el núcleo que da sentido a la actividad física. Mientras esas pulsiones internas rijan la conducta, el deporte mantiene una dimensión ética y estética: el rendimiento se busca por amor al movimiento y a la superación personal. Cuando la recompensa externa, la vanidad o el interés material ocupan ese lugar, el impulso originario se desintegra y el ideal pierde su vitalidad.

Tensión histórica y consecuencias visibles

Coubertin, promotor de los Juegos Olímpicos modernos, articuló esta postura frente a la profesionalización y la comercialización creciente. La advertencia alcanza prácticas contemporáneas: espectáculo exacerbado, dopaje, resultados medidos solo en dinero o fama. Recuperar la primacía del impulso interno es también defender la dignidad del deporte y la coherencia de cualquier empresa humana que quiera mantener sentido más allá del beneficio inmediato.

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