“Valoro la sangre de un cristiano más que la de cien indios.”
Peter Stuyvesant fue el último director general neerlandés de la colonia de Nueva Ámsterdam (Nuevos Países Bajos) y una figura central en la formación temprana de la ciudad de Nueva York. Durante su mandato promovió la expansión y fortificación del asentamiento, incluyendo la muralla en Wall Street, el canal que sería Broad Street y el trazado de Broadway.
1612 – 1672
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Significado
Gobierno de Nueva Ámsterdam
Peter Stuyvesant fue el gobernante neerlandés de la colonia que luego sería Nueva York, y su declaración expresa de forma cruda una jerarquía moral basada en la fe. Al asignar más valor a la vida de un cristiano que a la de muchos indígenas, articuló una mezcla de expansionismo económico, autoridad religiosa y deshumanización que legitimizó la violencia y la apropiación de tierras. Esa postura no fue una mera opinión aislada, sino parte de una lógica colonial que facilitó políticas coercitivas contra poblaciones nativas.Jerarquías de valor humano
Las consecuencias prácticas fueron graves: justificar masacres, esclavitud y expulsiones apelando a una supuesta superioridad moral. Hoy la frase funciona como documento que explica cómo se construyen prejuicios institucionales y por qué persisten desigualdades históricas. Mirarla con honestidad obliga a cuestionar las categorías que normalizan la exclusión y a reconocer los daños que perduran en narrativas nacionales y memorias colectivas.Frases relacionadas
“Quiero que simplemente permitan que una ola de intolerancia los invada. Quiero que permitan que una ola de odio los invada. Sí, el odio es bueno... Nuestro objetivo es una nación cristiana. Tenemos un deber bíblico; Dios nos ha llamado a conquistar este país. No queremos igualdad de tiempo. No queremos pluralismo.”
“Llamar fiesta a un rito tan sangriento como una corrida de toros es lo contrario de llamar sacrificio al rito incruento de la misa.”
“«Lassiter, los hombres de mi credo son extraordinariamente crueles. Con eterno pesar lo confieso. Han sido expulsados, odiados, azotados hasta que sus corazones se han endurecido. Pero nosotras, las mujeres, esperamos y rezamos por el momento en que nuestros hombres se ablandarán.» «Con su permiso, señora: ese tiempo nunca llegará.» «¡Oh, llegará!... Lassiter, ¿crees que las mujeres mormonas son perversas? ¿Tu mano ha estado contra ellas también?» «No. Creo que las mujeres mormonas son las mejores y más nobles, las que más sufren y las más ciegas e infelices del mundo.»”
“No creo en Dios, creo en mí misma... No concibo una figura divina, a Dios en este caso, como algo moralista. Dios no es la palabra correcta para lo que quiero decir. Diosa, quizá sí. Lo planteo para relativizar el poder masculino. Hagamos una mezcla. Si algo no me gusta de las religiones es precisamente que han sido creadas y utilizadas por las clases dominantes para someter a los demás precisamente machacando su orgullo y aconsejándoles humildad”
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