“Mientras la guerra sea considerada como mala, conservará su fascinación. Cuando sea tenida por vulgar, cesará su popularidad.”

Oscar Wilde
Oscar Wilde

dramaturgo y novelista irlandés

1854-1900

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La paradoja del atractivo de lo prohibido

Wilde sugiere que la guerra ejerce un poder de seducción precisamente porque la juzgamos moralmente repugnante. Esa condena moral que pronunciamos sobre ella genera una tensión: sabemos que es destructiva, pero la magnitud de su horror la dota de una especie de grandeza trágica. La fascinación nace del conflicto entre nuestra repulsión racional y una atracción oscura hacia lo extremo, lo épico, lo que pone a prueba los límites humanos.

La banalización como antídoto

El filósofo irlandés apunta hacia una solución incómoda: perder el interés en la guerra requiere quitarle su aura de tragedia sublime. Si la guerra fuera vista como algo trivial, burocrático o simplemente aburrido, su atractivo evaporaría. No necesitaríamos argumentos morales elaborados contra ella; bastaría considerarla vulgar, tan carente de significado como cualquier acto administrativo cotidiano.

Implicaciones actuales

Esta paradoja ilumina por qué las glorificaciones de conflictos persisten en narrativas culturales: les damos importancia al condenarlas. La verdadera indiferencia podría ser más efectiva que la denuncia apasionada.

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