“Logro resistirlo todo, salvo la tentación.”

Oscar Wilde
Oscar Wilde

dramaturgo y novelista irlandés

1854-1900

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La paradoja de la debilidad humana

Oscar Wilde captura aquí una verdad incómoda sobre la naturaleza humana: nuestra capacidad de resistencia tiene límites muy claros, y precisamente donde menos podríamos imaginarlo. El escritor irlandés sugiere que mientras dominamos aspectos grandes de la vida, los pequeños impulsos nos desarmán. Las tentaciones funcionan diferente a otros desafíos porque no exigen fuerza, sino sometimiento. No luchas contra ellas; simplemente cedes.

La frase refleja el cinismo de Wilde hacia la moral victoriana de su época, donde las personas proclamaban virtud inquebrantable mientras ocultaban deseos prohibidos. Aquí radica su ironía: el que afirma poder con todo reconoce su impotencia justo donde más pretende control. La tentación expone la grieta entre lo que creemos de nosotros mismos y lo que realmente somos, entre la imagen pública y el apetito privado.

Esta observación permanece vigente porque señala algo fundamental: la voluntad tiene fronteras borrosas. No se vence la tentación mediante la fuerza bruta, sino comprendiendo que ella revela nuestras verdaderas prioridades, aquello que deseamos más que la resistencia misma.

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