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Una lección sobre la gobernanza pragmática
Moshe Dayan, militar israelí y ministro de Defensa durante la Guerra de los Seis Días, plasma aquí una verdad incómoda sobre el ejercicio del poder. Su observación refleja que los gobiernos funcionan mediante negociaciones constantes entre actores con intereses divergentes. Un ministro que abandona su cargo cada vez que surge un desacuerdo con el ejecutivo sencillamente no puede cumplir sus funciones. La permanencia en el cargo exige cierta flexibilidad estratégica y la capacidad de distinguir entre diferencias fundamentales y divergencias manejables.
La frase contiene una ironía: Dayan reconoce que las discrepancias son normales dentro de cualquier administración. No habla de corrupción o de comprometer principios éticos, sino de las fricciones inherentes a toda estructura burocrática compleja. Un ministro eficaz debe aprender a convivir con decisiones que no comparte enteramente, a la vez que mantiene la autoridad moral para cuestionar cuando lo considera necesario.
Esta perspectiva cuestiona ciertos idealismos políticos. Sugiere que la gobernanza real requiere tolerancia ante el desacuerdo y una renuncia controlada al perfeccionismo. El precio de influir desde dentro del sistema es, precisamente, aceptar que no siempre prevalecerá tu visión.
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