“Sinuhe, amigo mío, hemos nacido en tiempos extraños. Todo se está derritiendo, cambiando su forma como la arcilla en la rueda de un alfarero. La vestimenta cambia, las palabras, las costumbres cambian, y la gente ya no cree en los dioses, aunque puede temerlos. Sinuhe, amigo mío, quizá hayamos nacido para ver el ocaso del mundo, porque el mundo ya es viejo, y han pasado mil doscientos años desde la construcción de las pirámides. Cuando pienso en esto, quiero enterrar la cabeza entre las manos y llorar como un niño.”

Mika Waltari
Mika Waltari

Escritor finlandés.

1908 – 1979

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Significado

La sensación de fin de época

El narrador observa un desmoronamiento de certezas: las formas externas y las creencias cambian con rapidez, y lo sagrado sobrevive solo como temor. Esa imagen transmite transitoriedad y una conciencia histórica aguda: vivir en una era que percibe sus propios contornos como últimos. Waltari sitúa la voz en el Egipto antiguo para mostrar que la experiencia de pérdida no es exclusiva de la modernidad; la noción de que el mundo está “viejo” funciona como metáfora de decadencia cultural y de la fragilidad de los relatos que sostienen una comunidad.

Dolor, nostalgia y responsabilidad

La reacción íntima —querer llorar como un niño— revela que la reflexión histórica desemboca en afecto, no solo en diagnóstico. Hay duelo por costumbres y por la posibilidad de sentido compartido; también una ambivalencia frente a lo divino: miedo sin fe. Las implicaciones son morales: cuando las estructuras se deshacen, la tarea humana es reconocer la pérdida, sostener la compasión y decidir cómo seguir viviendo sin las antiguas seguridades.

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