“Todo, todo es robo; todo es competencia incesante y rigurosa en la naturaleza. El deseo de apropiarse de la sustancia de los demás es el más importante —y el más legítimo—: la pasión que la naturaleza ha generado en nosotros y, sin duda, la más agradable.”
Donatien Alphonse François de Sade, aristócrata y escritor francés que pasó buena parte de su vida encerrado en prisiones y manicomios. Sus novelas libertinas, como Justine y Las 120 jornadas de Sodoma, dieron origen al término sadismo.
1740 – 1814
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Significado
Sobre la pulsión y la naturaleza
Sade plantea que la vida consiste en una lucha constante por apropiarse de lo ajeno, donde la competencia y el deseo de incorporar al propio cuerpo o al propio interés la sustancia del otro aparecen como fuerzas motoras. Esa afirmación recupera una visión naturalista: los impulsos que toleran la transgresión, incluida la violencia y la usurpación, aparecen como legítimos porque brotan de la condición biológica y satisfacen un placer directo. Aquí la moral tradicional queda desplazada por una mirada que prioriza lo instintivo y lo efectivo frente a lo normativo.
Implicaciones éticas y políticas
Aceptar esa perspectiva desmantela las garantías de justicia y la inviolabilidad de la propiedad; también legitima el poder del más fuerte y normaliza el conflicto permanente. Al mismo tiempo funciona como una prueba filosófica: si la naturaleza puede ser criterio de legitimidad, deben replantearse los límites entre deseo, derecho y violencia. La proposición no ofrece soluciones fáciles; plantea, sin concesiones, la tensión entre apetito y convivencia.
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