“Lo que el hombre llama Ser absoluto, su Dios, es su propio ser. El poder del objeto sobre él es por tanto el poder de su propio ser. Así, el poder del objeto del sentimiento es el poder del sentimiento mismo; el poder del objeto de la razón es el poder de la razón misma; y el poder del objeto de la voluntad es el poder de la voluntad misma.”

Ludwig Feuerbach
Ludwig Feuerbach

Teólogo y politico aleman.

1804 – 1872

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Significado

Del sujeto a la divinidad

Feuerbach plantea que lo absoluto que muchos llaman Dios no pertenece a una esfera trascendente sino al propio ser humano: las cualidades atribuidas al objeto divino son, en realidad, proyecciones de las capacidades internas del sujeto. El influjo que ejerce aquello que se considera objeto —ya sea el afecto, la razón o la voluntad— equivale al poder de las mismas facultades humanas que lo generan. Así, la sacralidad de una idea o la autoridad de una norma reflejan la fuerza interna de quien siente, razona o decide.

Horizonte histórico y consecuencias prácticas

Pensado contra el idealismo y la teología de su tiempo, este gesto reduce lo divino a un fenómeno antropológico y desplaza la fuente última de valor hacia la humanidad. La implicación política y moral es clara: si los atributos divinos son humanos, la responsabilidad por el bien y la justicia recae en nosotros. La discusión abre espacio a una ética secular que apuesta por transformar capacidades humanas en obligaciones colectivas.

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