“La política es el uso hábil de objetos contundentes.”
Político y diplomático canadiense, galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 1957 por su labor en el servicio exterior y la mediación internacional. Tras servir en la Primera Guerra Mundial y formarse en Toronto y Oxford, desarrolló una larga carrera en el Departamento de Asuntos Exteriores, desempeñándose como viceministro, representante en conferencias internacionales y embajador en Estados Unidos.
1897 – 1972
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Significado
La metáfora y su pulso
La imagen concisa atribuye a la política un carácter instrumental: no se trata de adornos retóricos, sino de manejar palancas físicas y coercitivas cuando la situación lo exige. Dicha idea cobra sentido viniendo de Lester B. Pearson, diplomático y primer ministro canadiense, que combinó la búsqueda de acuerdos con la aceptación de recursos prácticos —como misiones de mantenimiento de la paz— para resolver conflictos. La frase sugiere una visión realista donde la habilidad política consiste en reconocer qué herramientas disponibles producirán resultados concretos.
Herramientas y límites
Esto plantea dilemas éticos y prácticos: aplicar fuerza o sanciones puede ser eficaz, pero exige deliberación, proporcionalidad y control democrático para evitar abusos. También subraya la responsabilidad técnica del gobernante: elegir la herramienta adecuada, calibrarla y prever consecuencias no deseadas. Por último, la advertencia implícita es que la política bien ejercida mezcla prudencia técnica con principios, porque el uso rutinario de instrumentos contundentes erosiona legitimidad y confianza.
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“No es probable que un Estado, a menos que tenga planes militares agresivos como los de los líderes nazis en los años treinta, desvíe más recursos, riqueza y energía de lo que parece necesario para la defensa.”
“Hasta la última gran guerra, la expectativa general de mejora material era una idea propia del hombre occidental. Ahora la guerra y sus secuelas han convertido el progreso económico y social en un imperativo político en todos los rincones del mundo.”
“Es cierto que ha habido más conversaciones sobre la paz desde 1945 que, me parece, en cualquier otro momento de la historia. Al menos oímos más y leemos más sobre ello, porque las palabras del hombre, para bien o para mal, ahora pueden alcanzar fácilmente a millones.”
“En cuanto a la promoción de la paz en los congresos que hemos tenido, en nuestras reuniones y asambleas, la promoción a través de ellos de una voluntad decidida y efectiva hacia la paz, mostrada en la acción y en la política, aún no se ha logrado.”
“Pero mientras todos oramos por la paz, aunque no siempre lo hacemos, como ciudadanos libres respaldamos las políticas que contribuyen a la paz o rechazamos las que no lo hacen. Queremos que nuestra propia especie tenga una paz a su manera.”