“He visto a los empresarios pedir cientos de millones de dólares por un concepto y tratar de venderlo debido a 'su pasión por una idea'. Si la idea es tan buena, ¿por qué no recortar gastos y contratar a alguien que sea igualmente apasionado por mucho, mucho menos?”
Kevin Harrington es un empresario originario de Estados Unidos.
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Significado
Valor y retórica
Harrington pone en tela de juicio la idea de que la pasión por sí sola justifica una valoración astronómica. Cuando alguien pide enormes sumas por un concepto apoyándose en su entusiasmo, se plantea si ese precio responde a ventajas reales —clientes, tracción, ventajas competitivas— o a una narrativa convincente. La observación sugiere que el valor debe medirse por resultados y capacidad de ejecución, no por la intensidad del sentimiento que rodea la idea.
Costes de la narrativa
En el contexto de capital riesgo y emprendimiento, la frase apunta a riesgos concretos: sobrepagar por discurso, mal asignación de recursos y dependencia excesiva del fundador. La implicación práctica es doble: inversores deberían exigir evidencia más allá del carisma, y emprendedores deben traducir pasión en métricas y equipo capaz de entregar. Al final, la pregunta implícita es económica y ética: ¿pagamos por promesas o por probabilidades razonadas de éxito?
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“La avaricia es la más desinteresada de las pasiones, ya que exige una abnegación, a veces de magnitud heroica.”
“Se preguntan mucho por qué el oro, que en sí mismo es una cosa tan inútil, debe tener tanta estima, que incluso los hombres para quienes se fabrica —y que le dan su valor— lo estiman menos de lo que realmente vale.”
“Nunca ganas la plata. Solo pierdes el oro.”
“Lo único que pido es la oportunidad de demostrar que el dinero no puede hacerme feliz.”