“Las sensaciones no son parte de ningún conocimiento, bueno o malo, superior o inferior. Son, más bien, provocaciones incitantes, ocasiones para un acto de indagación que ha de terminar en conocimiento.”

John Dewey
John Dewey

filósofo estadounidense

1859-1952

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Significado

El papel activo de la sensación en el aprendizaje

Dewey desafía una creencia común: que las sensaciones sean inferiores al pensamiento abstracto. Para él, una sensación carece de valor cognitivo por sí sola; la vista de humo no constituye conocimiento sobre el fuego. Sin embargo, esa percepción dispara algo crucial: el impulso de investigar. El filósofo pragmatista recoloca la sensación en el centro del proceso educativo, no como punto de llegada, sino como punto de partida que demanda acción reflexiva.

Implicaciones para la educación y el conocimiento

Esta perspectiva trasforma cómo comprendemos el aprendizaje. Un estudiante que siente curiosidad ante un fenómeno físico experimenta una invitación a indagar sistemáticamente hasta construir conocimiento verificable. Las emociones, la perplejidad, el asombro operan como motores genuinos de la indagación. El conocimiento, entonces, emerge del diálogo entre la experiencia sensible y el pensamiento disciplinado, no del rechazo de una en favor de la otra.

Valor contemporáneo

En contextos donde se privilegia la información desencarnada, Dewey recupera lo encarnado: nuestras sensaciones y emociones son legítimas puertas de entrada al saber, siempre que las acompañemos de rigor intelectual.

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