“A veces, cuesta mucho más eliminar un sólo defecto que adquirir cien virtudes”

Jean de la Bruyere
Jean de la Bruyere

escritor francés

1645 - 1696

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Significado

El peso de nuestros hábitos dañinos

Jean de la Bruyere, moralista francés del siglo XVII, observaba una paradoja incómoda de la condición humana: construir nuevas cualidades exige esfuerzo, pero deshacerse de un vicio arraigado consume energías desproporcionadas. Un defecto establecido se perpetúa a través de rutinas mentales y conductuales profundamente internalizadas. Eliminar la procrastinación, la arrogancia o la impulsividad requiere vigilancia constante y reconocimiento repetido del patrón. Las virtudes, en cambio, pueden sumarse progresivamente, casi acumulativamente, sin necesariamente confrontar la resistencia feroz que opone un comportamiento automatizado.

Implicaciones prácticas y psicológicas

Esta distinción revela por qué la transformación personal resulta tan ardua. No basta con decidir ser mejor en algo; hay que desmantelar estructuras emocionales y cognitivas que una persona ha reforzado durante años. Un defecto es enemigo interno, cómplice, casi familiar. Las virtudes, por el contrario, son terreno virgen que el individuo coloniza con relativa libertad. Reconocer esta asimetría ayuda a calibrar expectativas realistas: la autocrítica sincera y la paciencia son herramientas más efectivas que la culpa o el perfeccionismo apresurado.

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