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Significado
La madurez como aceptación inevitable
Jean Anouilh señala aquí un momento crítico en la vida de toda persona: el instante en que dejamos de evadir la realidad y reconocemos nuestra condición adulta. No se trata de cumplir años ni de alcanzar una edad específica, sino de enfrentar las limitaciones, responsabilidades y soledades que caracterizan la existencia humana. Ese "día" puede llegar temprano o tardío, puede ser doloroso o apenas perceptible, pero es inevitable.
La frase captura la paradoja de crecer: durante años sostenemos ilusiones sobre quiénes somos o podríamos ser, pero llega el momento en que estas se desmoronan. La aceptación que Anouilh describe no implica resignación pasiva. Más bien, significa abandonar fantasías infantiles y encarar nuestras fragilidades, nuestros fracasos, nuestras finitudes. Es el fin de las excusas basadas en "todavía no" o "algún día seré".
Esta perspectiva es incómoda porque rompe con narrativas reconfortantes. Sin embargo, en esa aceptación reside una libertad peculiar: solo al reconocerse plenamente humano, con todas las grietas que ello implica, alguien puede actuar y elegir con autenticidad.
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“No hay cosa que los humanos traten de conservar tanto, ni que administren tan mal, como su propia vida.”
“El problema del hombre no está en la bomba atómica, sino en su corazón.”
“Mientras el tigre no puede dejar de ser tigre, no puede destigrarse, el hombre vive en riesgo permanente de deshumanizarse.”
“El hombre padece pocos males, si se esceptuan los que él mismo se atrae por el abuso de sus facultades.”
Más frases de Jean Anouilh
“Lo terrible en cuanto a Dios, es que no se sabe nunca si es un truco del diablo.”
“Todas las guerras son santas, os desafío a que encontréis un beligerante que no crea tener el cielo de su parte.”
“Uno se es fiel a sí mismo y se basta.”
“Siempre habrá un perro perdido en alguna parte que me impedirá ser feliz.”
“Se tiene la edad que se quiere tener, y también la edad del dinero que se tiene.”