“Bueno, en realidad el Génesis 8:22 que uso dice: «Mientras la tierra permanezca, habrá siembra y cosecha, frío y calor, invierno y verano, día y noche». Mi punto es: Dios sigue ahí arriba. La arrogancia de la gente al pensar que nosotros, los seres humanos, podríamos cambiar lo que Él está haciendo en el clima me parece indignante.”

James Inhofe
James Inhofe

Político estadounidense de larga trayectoria en el Congreso, conocido por sus posturas conservadoras y su participación en debates sobre políticas ambientales y militares.

1934

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Significado

Origen y escenario público

James Inhofe recurre a una referencia bíblica —Génesis 8:22— para sostener que el clima está gobernado por una voluntad divina inmutable y que cualquier pretensión humana de alterarlo resulta arrogante. La frase funciona menos como exégesis teológica que como recurso retórico: legitima una postura política sobre la base de una autoridad religiosa, desplazando el debate científico hacia un plano moral-religioso. Quien habla así no discute datos; afirma una certeza metafísica que exonera de actuaciones colectivas.

Consecuencias morales y prácticas

Ese argumento produce efectos concretos: puede justificar la inacción frente al calentamiento y diluir la responsabilidad intergeneracional. Hay aquí una tensión entre la idea de cuidado de la creación y la lectura que convierte la providencia en excusa para la pasividad. Políticamente, transforma decisiones tecnológicas y económicas en actos de fe, y plantea una pregunta ética básica: ¿asumimos deberes por prudencia y solidaridad, o delegamos el futuro a una supuesta voluntad superior?

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