“La ambición es tan fuerte como la pasión en el corazón humano; por muy alto que lleguemos, nunca estamos satisfechos.”
Poeta estadounidense, el más popular de su país en el siglo XIX y profesor en Harvard. Escribió «Evangeline», «El canto de Hiawatha» y «La cabalgada de Paul Revere», y tradujo al inglés la «Divina comedia».
1807 – 1882
Crea una imagen con esta frase
Elige un fondo:
Significado
El motor que nunca se apaga
Longfellow sitúa la ambición a la altura de la pasión, sugiriendo que ambas dinamizan la conducta humana con igual intensidad. Al hablar de alcanzar alturas sin sentirse saciado, presenta la ambición como un impulso que empuja a avanzar pero que no otorga reposo: logro y vacío pueden coexistir. En el siglo XIX, época de cambios y de exaltación del progreso personal, esa observación dialoga con la tensión entre autoexigencia y búsqueda de sentido.Las sombras del ascenso
Las consecuencias son múltiples: la ambición promueve creatividad y esfuerzo, pero también desemboca en insatisfacción crónica, sacrificio de relaciones y un sentido de carencia permanente. Socialmente, impulsa competitividad y desigualdad. Filosóficamente, plantea una pregunta ética sobre equilibrar deseo y plenitud; psicológicamente, alerta sobre el costo de perseguir metas sin freno. La reflexión no condena la ambición, plantea elegir qué tipo de metas merecen el precio que exigimos.Frases relacionadas
Más frases de Henry Wadsworth Longfellow
“El ocaso de una gran esperanza es como el ocaso del sol: con ella se extingue el esplendor de nuestra vida.”
“No hables de afecto perdido, el afecto nunca es en vano.”
“Muchos triunfarían en cosas modestas, si no estuvieran obsesionados por grandes ambiciones.”
“Las vidas de los grandes hombres nos recuerdan que podemos ennoblecer nuestras vidas y, al partir, dejar tras nosotros huellas en la arena del tiempo.”
“Si solo llamas a la puerta el tiempo suficiente y con la fuerza necesaria, seguro que despertarás a alguien.”