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Significado
La paradoja del exceso y la apatía
Amiel señala una contradicción humana fundamental: perseguir todo obsesivamente equivale a no perseguir nada con propósito real. Quien busca simultáneamente todas las experiencias, todas las posesiones, todos los reconocimientos, termina disperso, sin ancla ni dirección. Esta búsqueda frenética se convierte en una forma sofisticada de vacío, porque la acción constante sin criterio selecciona nada verdaderamente. De manera inversa, la indiferencia absoluta produce el mismo resultado: renunciar a todo es, paradójicamente, mantener un deseo latente por todo aquello que se rechaza.
Implicaciones prácticas
La tensión que revela el pensador ginebrino apunta a la necesidad de elegir deliberadamente. No basta con ser activo ni tampoco con abstenerse. El camino constructivo requiere renuncia selectiva: decir que no a muchas cosas para que el sí a pocas tenga peso. Esta lógica desafía tanto el consumismo moderno como el nihilismo desencantado. Amiel, filósofo del siglo diecinueve, anticipaba un problema contemporáneo: la saturación de opciones y la parálisis que genera. Querer algo específico exige, paradójicamente, renunciar a la ilusión de poder quererlo todo.
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“Mil cosas avanzan. Novecientas noventa y nueve retroceden. Esto es el progreso”
“Mira dos veces para ver lo justo. No mires más que una vez para ver lo bello.”
“El hombre que pretende verlo todo con claridad antes de decidir nunca decide.”
“El hombre se eleva por la inteligencia, pero no es hombre más que por el corazón.”
“Dime lo que crees ser y te diré lo que no eres.”