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Una advertencia sobre el poder y la responsabilidad cívica
Hannah Arendt, filósofa política que vivió la tragedia del totalitarismo europeo, plantea una paradoja incómoda: precisamente quienes tienen la profesión de gobernar pueden ser los menos aptos para decidir sobre cuestiones que afectan a toda la sociedad. Su observación sugiere que los políticos, atrapados en lógicas de poder, carrera electoral y negociación partidista, pierden perspectiva sobre lo que realmente importa. La gravedad de los asuntos públicos requiere de algo más: pensamiento independiente, responsabilidad moral y la participación activa de ciudadanos que no tienen intereses particulares en juego.
La implicación fundamental radica en que la democracia no puede funcionar como espectáculo pasivo. Si los ciudadanos delegan completamente sus decisiones a élites políticas, abdican de su responsabilidad colectiva. Arendt apunta hacia una verdad incómoda: la política democrática exige vigilancia, participación y criterio propio de la población. Cuando una sociedad se desentiende de sus propios asuntos, crea el vacío perfecto para que el poder se corrompa. La seriedad de la política, paradójicamente, depende de que la gente común se involucre en ella.
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Más frases de Hannah Arendt
“La violencia puede destruir el poder; pero es completamente incapaz de crearlo.”
“La burocracia es la forma de gobierno en la que todo el mundo está privado de libertad política, del poder de actuar; porque el dominio de Nadie no es la ausencia de dominio, y donde todos carecen igualmente de poder tenemos una tiranía sin tirano.”
“La acción es la única facultad humana de hacer milagros.”