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Significado
La rutina como tumba del deseo
Flaubert captura aquí una paradoja incómoda: el hábito, esa estructura que nos da seguridad y orden, sofoca aquello que nos mantiene vivos emocionalmente. La añoranza (ese anhelo profundo, ese tirón hacia lo ausente) muere asfixiada cuando la repetición cotidiana se normaliza. No es que desaparezca de golpe, sino que se va marchitando lentamente bajo el peso de lo mismo. Una relación sin sorpresas, un trabajo sin significado, una vida de rutinas previsibles: todos ellos son ambientes donde el deseo genuino se ahoga.
Implicación contemporánea
La frase resuena especialmente hoy. Buscamos estabilidad y terminamos hipnotizados por la comodidad de lo conocido. El hábito nos promete paz pero entrega adormecimiento. Flaubert, obsesionado con la precisión del lenguaje y la intensidad emocional, veía en esta asfixia un peligro mayor que cualquier drama: la lenta evaporación de la pasión sin que ni siquiera nos percatemos de ella. La pregunta incómoda que deja esta reflexión es cuánto de nuestro deseo ya habrá quedado sepultado bajo nuestras propias rutinas.
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