“A los ídolos no hay que tocarlos: se queda el dorado en las manos.”

Gustave Flaubert
Gustave Flaubert

escritor francés

1821-1880

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Significado

La ilusión del contacto directo

Flaubert captura aquí una verdad incómoda sobre la admiración: cuando tocamos lo que idealizamos, quedamos manchados de su falsedad. Los ídolos viven en la distancia, en la reverencia desde lejos. El "dorado" representa esa pátina de perfección que solo existe mientras no la examinamos de cerca. Una vez que buscamos comprenderlos íntimamente, descubrimos que están hechos de lo mismo que nosotros: contradicciones, debilidades, humanidad ordinaria.

Implicaciones prácticas

Esta observación resuena en múltiples contextos. El crítico que analiza obsesivamente al autor que ama; el fan que conoce personalmente a su artista favorito; el estudiante que descubre los defectos de su maestro. En cada caso, la proximidad revela grietas. Flaubert sugiere que la sabiduría radica en aceptar esta distancia productiva, en permitir que nuestros referentes mantengan cierta opacidad. No porque sean meramente ilusiones, sino porque la admiración funciona mejor cuando preserva el misterio.

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