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Significado
Las fuerzas motrices del logro humano
Goethe señala que dos emociones fundamentales impulsan nuestras acciones más extraordinarias. El amor y el deseo actúan como catalizadores que transforman aspiraciones abstractas en movimiento concreto. Sin estas fuerzas, permanecemos inertes, atrapados en la contemplación pasiva. Cuando alguien realiza hazañas significativas, tras ellas late siempre una conexión profunda con aquello que persigue: la pasión por crear, proteger, descubrir o servir.
Más allá de la melancolía romántica
La observación de Goethe trasciende la sentimentalidad típica. Plantea algo incómodo: los grandes logros requieren intensidad emocional, no solo razón fría ni disciplina mecánica. Nuestras obras maestras, innovaciones y sacrificios emergen de lugares donde el corazón está verdaderamente comprometido. Una vida mediocre suele reflejar precisamente la ausencia de ese ardor, ese deseo capaz de movilizar todas nuestras capacidades.
El riesgo y la libertad
Esta idea también advierte sobre el peligro de sofocal nuestros sentimientos en nombre del control o la conveniencia social. Renunciar sistemáticamente a lo que amamos y deseamos es amputar nuestro potencial. Goethe nos sitúa ante una elección: aceptar la vida domesticada, o permitir que esas alas emocionales nos eleven hacia empresas que solo parecen imposibles desde la distancia.
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“Puedes tener el universo, mientras yo tenga a Italia”
“Lo mucho se vuelve poco con sólo desear otro poco más”
“Todo progreso está basado en el deseo universal e innato por parte de cada organismo de vivir por encima de sus posibilidades”
“El amor es como la fiebre: nace y se extingue sin que la voluntad tome en ello la menor parte.”
Más frases de Goethe
“Saber no es suficiente, debemos aplicar. Desear no es suficiente, debemos hacer”
“Pensar y obrar, obrar y pensar es la suma de toda sabiduría”
“Con el conocimiento se acrecientan las dudas”
“La creencia no es el principio, sino el fin de todo conocimiento”
“No hay nada mas espantoso que la ignorancia activa”