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Significado
La falsa autoridad del prestigio
Clemenceau critica una debilidad humana muy particular: nuestra tendencia a valorar las cosas no por su mérito intrínseco, sino por su etiqueta. Un cuadro nos parece extraordinario cuando descubrimos que es un Picasso; una idea nos persuade más cuando proviene de un premio Nobel. La etiqueta actúa como muleta mental, liberándonos de la tarea incómoda de evaluar por cuenta propia. Lo que realmente juzgamos es el prestigio, no la calidad.
El político francés señala cómo esta costumbre esteriliza el pensamiento crítico. Confiamos demasiado en certificaciones externas (marcas, títulos, nombres) y poco en nuestra capacidad de discernimiento. Un argumento convincente seguirá siendo convincente aunque nadie lo conozca; una obra mediocre no mejora por estar en un museo prestigioso. La diferencia entre un apreciador genuino y uno superficial radica en si puede desprenderse de esas etiquetas para conectar directamente con lo que tiene delante.
Implicación práctica
Aceptar esta crítica requiere coraje: admitir que muchas de nuestras preferencias dependen más de lo que creemos que de lo que realmente sentimos.
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“La Guerra es una cosa muy seria para confiársela a los militares”
“Manejar el silencio es más difícil que manejar la palabra”
“Es preciso saber lo que se quiere; cuando se quiere, hay que tener el valor de decirlo, y cuando se dice, es menester tener el coraje de realizarlo.”
“Un traidor es un hombre que dejó su partido para inscribirse en otro. Un convertido es un traidor que abandonó su partido para inscribirse en el nuestro.”
“La vida del hombre es interesante principalmente si ha fracasado. Eso indica que trató de superarse.”