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Significado
La barrera invisible de la convicción
Franz Werfel, escritor austriaco del siglo XX, toca aquí un aspecto fundamental de cómo experimentamos la realidad: la creencia actúa como un filtro que determina qué argumentos pueden penetrar nuestra mente. Quien ya posee una convicción interna no requiere pruebas externas para validarla, mientras que quien carece de esa base no encuentra en los razonamientos lógicos un camino hacia la fe. Los argumentos rebotan contra la incredulidad porque la convicción no es principalmente un acto racional, sino existencial.
Más allá de la lógica
La frase cuestiona la ilusión de que podemos persuadir mediante datos o argumentación. Cuando alguien desconfía de una verdad, acumular evidencia puede incluso reforzar su resistencia. Por el contrario, quien ya cree transforma cualquier experiencia en confirmación de su fe, sin necesidad de validación externa. Werfel sugiere que la brecha entre creyentes e incrédulos no es epistemológica sino existencial, una diferencia en la disposición fundamental hacia el mundo.
Alcance de la reflexión
Esta observación aplica tanto a creencias religiosas como a ideologías políticas, científicas o personales. Revela por qué los debates intensos raramente cambian opiniones profundas y por qué la persuasión genuina requiere algo más que argumentos: exige transformación interior.
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“Creo para comprender, y comprendo para creer mejor”
“Hasta donde hemos perdido la creencia, hemos perdido la razón. Ambos tienen la misma condición autoritaria y primaria. Ambas constituyen métodos de prueba que, a su vez, no admiten ser probados. Y en el acto de aniquilar la idea de la autoridad divina, damos al traste con aquella autoridad humana de que no podemos dispensarnos ni aún para decir que dos y dos son cuatro.”
“La razón me dice que Dios existe, pero también me dice que nunca podré saber lo que es.”
“Todo el que cree, piensa. Porque la fe, si lo que cree no se piensa, es nula.”